La importancia del juguete mexicano

2017-01-20

La importancia del juguete mexicano

 

•Egresada de la UABCS habla en una tesis sobre el desarrollo de este particular objeto

 

El juego, los juguetes y los niños guardan una estrecha relación con la infancia. ¿Quién no recuerda haber jugado a las canicas, el trompo, el balero o a la matatena? Seguro algunos de estos objetos evocan recuerdos de la infancia que es casi imposible no sentir nostalgia. Desde un punto de vista más particular, el hecho de jugar desarrolla en quiénes lo practican, habilidades cognitivas, motrices y sociales que son fundamentales en el desarrollo humano.

 

Para Karla Yessenia González Gavaraín, maestra en Políticas Públicas y Administración por la Universidad Autónoma de Baja California Sur, el juguete y el juego representan, en sí mismo, la esencia de la niñez. 

 

Aunque explica que, en un principio, cuando los primeros humanos dependían de la recolección, el concepto de infancia no era entendida como tal. Los niños debían ser partícipes del trabajo y se les otorgaban herramientas más chicas de acuerdo a su tamaño y destreza motora para contribuir en las labores cotidianas. 

 

Sin embargo, conforme se dio el desarrollo humano y la producción de bienes permitió alcanzar un mejor nivel de vida, la participación de los infantes se volvió poco necesaria o nula en las poblaciones, lo cual dio pie a la creación de objetos que ya no eran propiamente equipos de trabajo, sino una nueva clase de artefactos que simulaban las funciones que realizarían cuando grandes. Así, explica Yessenia González, el juguete en sí mismo “es como una reproducción del instrumento”.

 

Ya en la edad moderna, estos productos son realizados en serie y abarcan un amplio terreno frente a los juguetes tradicionales. Millones de ellos constituyen el resultado de un sobreexceso en la producción mecánica. 

 

Pero para la investigadora, la creación de los juguetes artesanales involucra un proceso más humano. El creador invierte además de materiales, imaginación, cariño y la cultura que lo rodea. En el país existe una gran riqueza en esta materia. Entre los estados con mayor producción artesanal de juguetes se encuentra Puebla, Michoacán, el Estado de México, Oaxaca, Guerrero, Guanajuato, por mencionar algunos.

 

“Estos objetos reflejan las condiciones de vida, tradiciones, naturaleza, indumentaria y costumbres de la cultura mexicana. Por supuesto, tienen una historia muy rica que comenzó en la época prehispánica. Muchos pueblos indígenas ya elaboraban sus propios juguetes utilizando distintos materiales a su alcance. Este hecho no culminó con la conquista española, en lugar de ello, continuó realizándose en los tiempos de la Colonia adoptando nuevas formas”.

 

Por ejemplo, agrega González Gavaraín, durante este periodo de la historia nacional, se tiene conocimiento de objetos de origen europeo, asiático y de manufactura mexicana que eran utilizados en las festividades tradicionales; entre ellos las matracas de madera, hojalata  y hueso que se elaboraban para las fiestas de semana santa.

 

Afirma que los frailes que evangelizaron a los pueblos indígenas dieron a conocer a los niños nuevos y divertidos objetos, que usualmente obsequiaban a los pequeños en los viernes de Semana Santa. 

 

Para el siglo XIX los infantes mexicanos jugaban con muñecos de diferentes materiales, casas de muñecas con su mobiliario, juegos de té, caballos de madera, títeres o juguetes de cuerda que representaban figuras humanas o animales. Conjuntamente en los mercados se vendían pequeños trenecitos de madera, cartón o lámina entre otras miniaturas, según datos proporcionados por Edilberto Ríos, en un artículo sobre el juguete mexicano.

 

González Gavaraín señala que ante la importancia cultural de estos objetos característicos y su rezago ante los nuevos procesos culturales y tecnológicos, un correcto programa de políticas públicas provocaría una serie de bondades y beneficios económicos que se verían reflejados en un mayor desarrollo social y beneficios para quienes intervienen en la elaboración y distribución del juguete artesanal.

 

Parte importante para su permanencia y difusión, subraya en sus conclusiones, son los padres y profesores al integrarse a la actividad lúdica de los pequeños como educadores, ayudando a la introducción y permanencia de juegos y juguetes en su vida cotidiana.

 

Propone que se lleve a cabo un censo de los talleres artesanales del juguete, principalmente de carácter familiar a nivel municipal, estatal y federal para conocer dónde se encuentran los productores que requieren apoyo económico, de capacitación y asesoría; a quienes se debe instar a conservar los elementos esenciales como el diseño, colorido, textura y materiales originales.

 

Finalmente, en el trabajo se expone la necesidad de calcular un precio de venta justo y competitivo en el mercado nacional e internacional de estos productos; así como poner en marcha una campaña publicitaria permanente del juguete artesanal mexicano y promover su venta directa en ferias y exposiciones.

 


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